En junio de 2026, un fabricante ucraniano de drones le contó a New Scientist algo que suena a guion de ciencia ficción. Según su relato, dos años antes, en el frente cerca de Bakhmut y Chasiv Yar, diez drones cuadricópteros volaron unos diez minutos hacia la línea de combate y, al llegar, activaron lo que él llamó «modo Terminator»: una IA que busca y ataca por su cuenta, sin video y sin operador. Cuando pilotos humanos revisaron la zona después, encontraron un par de soldados rusos muertos y un camión.

Antes de repetir el titular conviene leer la letra pequeña: quien lo cuenta, Alexander Kokhanovskyy, hoy director de Aero Center, dice que no estuvo en la prueba; no hay grabación; el Ministerio de Defensa de Ucrania no respondió las preguntas del medio, y fuentes de la industria aseguraron que el país prohíbe usar IA en la fase final de una intercepción. Es una afirmación sin verificar, no un hecho probado. Pero cayó en un punto sensible: la pregunta ya no es si las máquinas pueden decidir, sino quién las está construyendo y a qué velocidad. Una de esas empresas lleva nombre de espada de fantasía y tiene un fundador salido de los videojuegos.

Un garaje, un visor y un Kickstarter#

Luckey tenía 17 años cuando armó el primer prototipo de lo que sería el Oculus Rift, un visor de realidad virtual, en el garaje de sus padres en Long Beach, California. En agosto de 2012, con 19, lanzó la campaña en Kickstarter: pedía US$250.000 y reunió más de US$2,4 millones. Su gran aval fue John Carmack, el programador de Doom: Luckey le envió un prototipo y Carmack terminó respaldando públicamente el proyecto en el E3 de 2012.

Dos años después, en marzo de 2014, Facebook compró Oculus por unos US$2.000 millones: 400 millones en efectivo y 23,1 millones de acciones. El chico del garaje tenía 21 años.

Palmer Luckey con un Oculus Rift DK1 puesto durante una demostración en la conferencia SVVR 2014
Luckey con el Oculus Rift DK1, el kit de desarrollo, en SVVR 2014 · Imagen: Dcoetzee / Wikimedia Commons · CC0

Un donativo, una disculpa y una salida#

La historia se torció en septiembre de 2016. The Daily Beast reveló que Luckey había donado US$10.000 a Nimble America, un grupo que hacía memes contra Hillary Clinton en plena campaña presidencial. Hubo reacciones entre desarrolladores de realidad virtual, Luckey pidió disculpas en público y en marzo de 2017 dejó Facebook.

Lo que pasó después tiene dos versiones. Facebook ha negado que su salida tuviera que ver con política. Luckey, según The Wall Street Journal en 2018, dijo que lo despidieron sin motivo y que creía que el donativo tenía algo que ver. En 2024, el jefe de realidad extendida de Meta se disculpó públicamente con él por cómo se manejó su salida.

El casco que te mata si pierdes#

Luckey no perdió el humor oscuro de la cultura gamer. El 6 de noviembre de 2022 —la fecha en que, en la ficción de Sword Art Online, miles de jugadores quedan atrapados en un juego donde morir es morir de verdad— publicó en su blog un visor modificado, el OQPNVG, con tres cargas explosivas pensadas para destruir el cerebro de quien lo lleva si su personaje muere en la partida, según lo reportó The Independent. Él mismo lo describe, por ahora, como una pieza de arte de oficina y una provocación sobre rutas inexploradas del diseño de juegos.

Un tipo que juega con la idea de que el mundo virtual tenga consecuencias reales no iba a quedarse en los visores.

Anduril: la espada que se rompió y se forjó de nuevo#

En 2017, Luckey cofundó Anduril junto con Trae Stephens, Brian Schimpf y otros antiguos de Palantir, con el respaldo de Founders Fund, el fondo de Peter Thiel, según su ficha en Wikipedia. El nombre viene de Andúril, la espada de Aragorn en El Señor de los Anillos, forjada de nuevo a partir de los fragmentos de Narsil.

El momento no era casual. El Pentágono había lanzado ese mismo año el Proyecto Maven, un programa para que la IA analizara las imágenes de sus drones. Google, uno de los contratistas, no renovó en 2018 después de que unos 4.000 empleados firmaran una petición en contra. Ese vacío —una industria tecnológica dividida sobre si debía trabajar en defensa— fue el que Anduril decidió ocupar.

Su primer gran producto no fue un arma, sino una torre. Las torres de vigilancia autónoma de Anduril se instalaron en la frontera de Estados Unidos con México; en 2020, la agencia de aduanas y protección fronteriza (CBP) declaró su despliegue programa de registro, y en septiembre de 2024 la empresa anunció la torre número 300. En junio de 2026 sumó un contrato por US$363 millones para más de 200 torres de mayor alcance.

Torre de vigilancia autónoma de Anduril, diminuta en una ladera desértica de Mount Cristo Rey, Nuevo México
Una torre de vigilancia autónoma fabricada por Anduril y operada por CBP, en Nuevo México (mayo de 2024) · Imagen: Dugan Meyer / Wikimedia Commons · CC BY 4.0

De las torres a las fábricas#

Con las torres como prueba, Anduril fue por todo lo demás. Su pieza central es Lattice, una plataforma de software de mando y control con IA que busca conectar sensores y sistemas para acortar la cadena entre detectar una amenaza y responder. Alrededor del software vino el catálogo de máquinas:

El dinero acompañó. En mayo de 2026, Anduril anunció una ronda de US$5.000 millones que la valoró en US$61.000 millones, el doble de su valoración anterior, y dijo que sus ingresos de 2025 llegaron a US$2.200 millones, más del doble que el año previo.

US$61.000 Mvaloración de Anduril tras su ronda de mayo de 2026Anduril · Reuters · The New York Times
US$2.200 Mingresos de Anduril en 2025, más del doble que en 2024Anduril (comunicado de la Serie H)
hasta US$20.000 Mtecho del contrato del Ejército de EE. UU. con Anduril (13 de marzo de 2026)U.S. Army · Departamento de Defensa
557 díasentre el anuncio de Arsenal-1 y el primer Fury construido en OhioJobsOhio (27 de julio de 2026)

El contrato del Ejército merece una aclaración: reúne más de 120 compras separadas en un solo marco, y los US$20.000 millones son un techo, no un pago garantizado. La orden oficial habla de consolidar soluciones comerciales actuales y futuras.

Valoración de Anduril en cada ronda de financiación

Valoración posterior a cada ronda, en miles de millones de dólares. Son cifras de inversionistas privados, no ingresos.

0 mil M US$40 mil M US$80 mil M US$Jun 2021: 4,6 mil M US$Jun 20214,6 mil M US$Dic 2022: 8,5 mil M US$Dic 20228,5 mil M US$Ago 2024: 14 mil M US$Ago 202414 mil M US$Jun 2025: 30,5 mil M US$Jun 202530,5 mil M US$May 2026: 61 mil M US$May 202661 mil M US$
Fuente: Anduril (series D y H); CNBC (series E y F); Reuters (serie G)
Ver los datos en tabla
Valor (mil M US$)
Jun 20214,6
Dic 20228,5
Ago 202414
Jun 202530,5
May 202661

El debate de fondo: ¿quién aprieta el botón?#

Aquí vuelve el «modo Terminator». Casi todos los ejércitos usan IA para algo —elegir blancos entre montañas de datos, navegar, esquivar interferencias—, pero con un humano que confirma en algún punto. En Ucrania, según Kateryna Bondar, del CSIS, citada por Ars Technica, la navegación con IA subió el éxito de los ataques con drones de entre 10 y 20 % a entre 70 y 80 %, porque la guerra electrónica corta los enlaces con el piloto. Es autonomía para llegar, no para decidir.

Lo que no existe todavía es un acuerdo sobre dónde está la línea. El secretario general de la ONU, António Guterres, ha dicho que no hay lugar para las armas autónomas letales, pero, como recuerda New Scientist, no hay una prohibición internacional vigente, y ni siquiera hay una definición común de qué cuenta como arma autónoma letal, según la Oficina de Asuntos de Desarme de la ONU.

La tensión es de diseño. Plataformas como Lattice se venden con la promesa de acortar el tiempo entre detectar y responder; cuanto mejor funciona esa promesa, más tentador resulta quitar de la cadena a la pieza más lenta, que es la persona. Que haya o no un humano «en el circuito» deja de ser un detalle técnico y se vuelve una decisión de política, de ingeniería y de responsabilidad: quién autorizó qué, con qué reglas y cómo se demuestra después.

Lo que significa desde Colombia#

La discusión suena lejana hasta que se mira el mapa propio. El 27 de enero de 2026, ante el Senado, el entonces ministro de Defensa, Pedro Sánchez —hoy exministro—, informó que en 2025 hubo en Colombia 8.395 ataques con drones, de los cuales solo el 4 %, es decir 333, fueron efectivos.

8.395ataques con drones registrados en Colombia en 2025Ministerio de Defensa, ante el Senado (27 de enero de 2026)
333 (4 %)ataques que lograron su objetivoMinisterio de Defensa, ante el Senado
20 / 297personas muertas y heridas por esos ataquesMinisterio de Defensa, ante el Senado
1 billón de pesosde los 3,7 billones adicionales que pidió Defensa en enero de 2026, para un escudo nacional antidronesMinisterio de Defensa, ante el Senado

Según el exministro, la mayor concentración estuvo en Cauca, Nariño y Valle del Cauca, y atribuyó los ataques sobre todo a estructuras del ELN y a disidencias de las Farc. La cifra no dice cuántos de esos drones eran autónomos, y nada en la fuente sugiere que lo fueran: lo que muestra es otra cosa, que el dron barato ya es un arma de guerra en el país y que el Estado planteó invertir para defenderse de él.

Ahí está la ironía de la historia de Anduril. Su tesis es que las guerras modernas se ganan con muchas máquinas relativamente baratas, coordinadas por software, y no con pocas máquinas carísimas. Colombia está del otro lado de esa ecuación: la parte «barata» ya se usa contra la fuerza pública. Por eso la conversación sobre control humano, trazabilidad y responsabilidad no es solo un debate de Washington o de Kiev.

Lo que vamos a vigilar#

La historia deja tres cosas por seguir:

  1. Las afirmaciones sin verificar. El «modo Terminator» sigue siendo el relato de un solo testigo. Habrá que ver si aparece evidencia independiente o si el Gobierno ucraniano aclara su postura.
  2. Dónde se pone el límite. Si Lattice y sistemas parecidos se vuelven el sistema nervioso de los ejércitos, las reglas sobre cuándo debe confirmar un humano importarán tanto como el software.
  3. Qué se hace en Colombia. El escudo antidrones y el uso de IA en seguridad abren preguntas sobre quién decide, con qué datos y bajo qué control.

Un videojuego te deja reiniciar la partida; la guerra no. Y esa es la incomodidad de fondo de esta historia: el mismo ingenio que hizo creíbles los mundos virtuales hoy trabaja en máquinas cuyas decisiones no se pueden deshacer.

Fuentes y créditos20 fuentes

Las cifras de valoración son estimaciones de inversionistas privados y no equivalen a ingresos. Las gráficas son elaboración de DistritoMedellín con los datos de las fuentes citadas. Las fotos se publican con crédito a sus autores según la licencia indicada en cada una.